Hoy entrevistamos a...

Pablo, Pabel, Núñez… Pablo Núñez es miembro de la probablemente saga deportiva más prolífica que ha pasado por el Colegio Nuestra Señora del Pilar y uno de los mayores referentes que ha dado la factoría pilarista. Con unas dotes de liderazgo ilimitadas, santo y seña del sénior durante muchos años, derribó las puertas de acceso al equipo en juveniles y ya no las “cerró” hasta que colgó las botas para coger la carpeta y dirigir al equipo desde el banquillo. Tras dos años a los mandos considera que ha cumplido un ciclo y decide volver vestirse de corto para jugar en Segunda división con Brihuega. Varios años después, ya “retirado”, para terminar su carrera futbolsalística retorna al equipo durante una temporada.

 

P-. ¡Hola Pablo! Los seis hermanos Núñez habéis vestido la camiseta del Club Pilaristas, tres habéis tenido ficha en AA Pilaristas FS, el pequeño llegó a debutar siendo juvenil y tu hermana jugó en el equipo femenino que había a finales de los 90. ¡Vaya saga! ¿De dónde viene esa pasión?

R-. Pues aunque parezca mentira para el que lo conociera y viera por las gradas, a mi padre no le gustaba el fútbol antes de tener hijos. La pasión nos viene por parte de madre, que en su juventud era abonada al Real Madrid e iba al estadio con sus hermanos. Mi hermano Ignacio empezó a destacar en el patio desde pequeño y Don Santos perseguía a mis padres para que formara parte del equipo del cole. Tras varias veces esquivando propuestas para poder ir a pasar el fin de semana fuera, finalmente accedieron y a partir de ahí se despidieron de tener esos días libres en familia pues tras Ignacio vinimos cinco más, todos muy enfermos del fútbol sala y del Club Pilaristas, incluida mi hermana Isabel. Y mis padres entregados y haciendo malabares para vernos a todos y llevarnos a los partidos. Los cinco le debemos mucho a nuestro hermano mayor, nos abrió muchas puertas. Todos comentamos que sin duda era el mejor jugador de los seis y curiosamente fue el único que no debutó con el sénior.

 

P-. ¿Cuál es tu primer recuerdo del sénior?

R-. Recuerdo tener 11 ó 12 años y que mis padres me dejaran ir solo al colegio el fin de semana. Los viernes miraba la cartelera de Castelló con los partidos y me apuntaba qué equipos jugaban en el cole para poder ir a verlos. La guinda del pastel era ver al sénior a las 13.30 el domingo. El equipo lo formaba en su mayoría jugadores de las promociones de mis dos hermanos mayores, Ignacio y Javier, por lo que conocía a casi todos muy bien. Recuerdo la época en la que ascendían año tras año fácil. Más tarde mi hermano Javier entró finalmente en el equipo y a partir de ahí yo creo que ya no me perdí ningún partido a no ser que coincidiera con alguno que estaba jugando yo.

 

P-. Siendo juvenil empiezas a ir a entrenar con el equipo. ¿Qué tal fue el recibimiento?

R-. Que me llamaran para entrenar con el sénior era un orgullo. Recuerdo estar nervioso porque llegara el momento. Entrenaba con el juvenil de 18:00 a 20:00, descansaba una hora y me chupaba otro entrenamiento con el sénior hasta las 23:00. Llegaba a casa fundido pero no lo cambiaba por nada del mundo. En el equipo estaban muchos de los que habían sido mis entrenadores como Juan Baigorri o Borjita, mi hermano y sus amigos de toda la vida, gente que conocía mucho. Y Julio y Pachi se preocupaban de que los que subíamos estuviéramos a gusto. Ahí empecé a entender lo que significaba formar parte de ese grupo.

 

P-. ¿Recuerdas el día de tu debut?

R-. No sé si fue mi debut pero recuerdo viajar a Alicante para jugar 45 segundos y dar descanso a mi hermano Javier contra Helados Alacant. Fuimos Jorge Castresana y yo como juveniles. Ese año el grupo en el que estaba el equipo tenía muchos viajes a la zona de Alicante y Murcia y a mí me tocó ir a varios partidos. Me daba igual jugar poco o nada, la experiencia de viajar en autobús con todos y sentirme parte del grupo fue genial.

 

P-. Casi desde el principio te afianzas en el equipo y vas cogiendo galones a pesar de tu juventud…

R-. Mi última temporada de juvenil fue muy positiva. La primera vuelta alternaba los dos equipos, juvenil y sénior, pero la segunda vuelta ya estaba al 100% con el sénior e iba a jugar con el juvenil cuando no coincidía. Ese año me vino genial. Crecí mucho gracias a que entrenaba con gente mucho mejor que yo y me tuve que adaptar a jugar en otras posiciones. Incluso fui convocado con la Selección de Madrid juvenil toda la temporada. A partir de mi primera temporada, ya con edad sénior, empecé a jugar cada vez más y a afianzarme en la posición de cierre en una defensa nueva que aprendimos de Paco García y que Julio supo adaptar muy bien para sacar el mayor rendimiento.

 

P-. Te llamaron en varias ocasiones para ir a jugar a otros lados, llegando a probar con Loeches, pero al final siempre decidías quedarte aquí. ¿Tanto tira Pilaristas?

R-. Ya lo ha dicho alguno en sus entrevistas. El grupo y el ambiente que se forma en este vestuario es diferente a todo lo demás. Los viajes, casas rurales, las cenas de los jueves en VIPS, los torneos para sacar dinero… Todas esas cosas hacen que sea algo más que un equipo, que seamos todos muy amigos pasados ya muchos años y que haya conexión entre jugadores de generaciones muy diferentes.

 

Efectivamente me llamaron varias veces para ir a jugar a otros equipos de categorías superiores y al final por una cosa u otra siempre acababa quedándome. Me picaba mucho el gusanillo de saber si valdría para jugar más arriba. Lo intenté con Loeches, entrené dos semanas y cuando iba a firmar y debutar en plata, me enteré de que el club tenía muchos problemas y decidí echar marcha atrás. Otro año que Leganés ascendió a División de plata, yo iba a ir la temporada siguiente y al final no encontraron patrocinador ni dinero para ascender. Quisieron que fuera de todas formas pero siempre dije que para jugar en la misma categoría me quedaba en Pilaristas.

 

P-. Durante tu carrera de jugador tuviste tres entrenadores, Julio Banacloche, Jorge Avilés “Pachi” y Víctor Valencia “Viti”. Descríbenos a cada uno de ellos.

R-. De cada uno he aprendido mucho, con Julio y Pachi he vivido muchas experiencias y a Viti sólo le disfruté media temporada y le conozco menos.

 

Julio marcó una manera de gestionar el equipo. Mucha gente estará de acuerdo conmigo cuando digo que si el sénior ha conseguido lo que ha conseguido es gracias a él. La mayor virtud de Julio como entrenador es la lectura del rival y la toma de decisiones en competición. Como jugábamos los domingos en casa, recuerdo ir juntos a infinidad de partidos el sábado para analizar a futuros rivales. Aprendí a pensar en función del rival. Siempre decía que se imaginaba al rival atacando nuestra defensa y a partir de ahí preparaba la semana. Para mí por encima de haber sido mi entrenador es un gran amigo, preocupándose siempre de mí y ayudándome cada vez que lo he necesitado. Ha sabido exigirme cuando ha hecho falta y ser un apoyo en momentos duros de la vida. Más de una vez, por mi carácter en caliente, he podido hacerle sentir mal y desde aquí quiero aprovechar para pedirle perdón, aunque él ya lo sabe. Sin duda alguna es una de las personas fuera de mi familia que más me han marcado y me han servido de ejemplo.  Y creo que esa personalidad la ha reflejado también a la hora de llevar al equipo sin recibir nada a cambio. Pilaristas le debe mucho.

 

Pachi es de las personas más buenas que conozco, sino la que más. Humilde, trabajador, calculador, entusiasta... Me entrenó cuando era juvenil, luego le ayudé como segundo entrenador del juvenil y, más tarde, cuando Julio lo dejó, pasó a llevar el equipo. Todo el mundo tenía claro que una vez Julio lo dejara, Pachi tenía que ser quien se hiciera con los mandos. Tras muchos años con Julio no era nada fácil dirigir al equipo y él lo hizo a la perfección. De Pachi aprendí mucho a preparar bien los entrenamientos, a no dejar nada a la improvisación. Además, como buen licenciado de INEF, añadió una parte muy importante de preparación física, empezamos a probar formas nuevas de atacar y defender, manteniendo la base. Pachi nos conocía a todos porque llevaba entrenando al juvenil muchísimos años y todos habíamos pasado por sus manos. Además tiene un sentido del humor único con el que todos hemos pasado grandes momentos. Otro gran amigo con el que he vivido muchas experiencias, ¡hasta le presenté a su mujer! Y que no se me olvide, otro que entrenó al equipo por amor al arte y al que tenemos que estar todos eternamente agradecidos.

 

A Viti le conozco mucho menos pero siempre estaré muy agradecido por animarme a volver a jugar y hacerme un hueco siendo ya muy mayor. Vino con ideas nuevas y todo el mundo aprendió mucho de él. Es el primero que verdaderamente ha entrado aquí desde fuera y tiene mucho mérito. Tras su paso el equipo ha añadido a su juego un estilo de juego de ataque nuevo que va transmitiendo al resto de equipos de categorías inferiores. Da gusto ver jugar a muchos de ellos.

 

P-. Te vamos a poner en un aprieto. En tantos años jugando coincidiste con muchísimos jugadores; ¿serías capaz de decir uno con el que con sólo miraros sabíais qué hacer?

R-. Uff… me parece súper difícil la pregunta. No puedo decir sólo a uno y, aunque diría a muchos, nombraré a cuatro. Con los cuatro la conexión va más allá de la cancha pero intentaré centrar el tiro.

 

Fucho y yo compartimos muchas pasiones, maneras de ver la vida. Los dos somos muy competitivos en todo y creo que lo reflejábamos en la cancha. Si tenía dudas le daba la bola a él y que se la jugara en banda. Es de esas personas que puedo llevar mucho tiempo sin hablar y cuando nos vemos es como si siguiéramos juntos en el vestuario.

 

El siguiente es Penche, con el que he jugado toda mi vida, desde que tengo 9 años. Él es un año menor pero entre que era buenísimo y que físicamente parecía mi padre siempre ha jugado como mínimo una categoría superior. Supongo que tanto tiempo en cancha juntos hizo que tuviéramos muchas dualidades. Una muy típica es la de marcarme con la mano que va a ir un lado y aparecer en el otro confundiendo al defensa. No sé cuántas veces lo habremos hecho.

 

El pobre Luiser se ha comido broncas mías como compañero y como entrenador. En interno, en el sénior y en maratones de verano, de todos los colores. La verdad es que siempre he sido muy consciente de sus posibilidades y por eso le he exigido tanto. Aunque a veces podría haber sido más fino en las formas con él, lo reconozco. Recuerdo que el otro equipo nos atacara de cinco, mirarle y en un segundo intercambiar posiciones en el campo o sacarle del banquillo. Un crack.

 

Pero si tengo que elegir a uno, ése es mi hermano Javier. Quién conoce a Javi sabe que es imposible que se le ocurra hacer nada malo, es todo bondad. A mí me ha tenido que aguantar en casa como el típico hermano pequeño que siempre quería jugar con él. Recuerdo pasar horas y horas en el cuarto haciendo competiciones de remates con la litera como portería. Yo pensaba que le ganaba pero en realidad se dejaba ganar para que yo estuviera contento. Dentro de la cancha se transformaba y, siendo siempre muy legal, se convertía en el jugador más competitivo de todos, con más garra que ninguno, capaz de trasmitírnoslo a los demás y con la capacidad de cambiar partidos. Hemos compartido muchísimos minutos en cancha. Él siempre de pívot y yo de cierre la mayoría del tiempo. En nuestra defensa, por aquella época, nuestros puestos eran los que más balones robaban y nos aprovechábamos mucho del trabajo de los que jugaban en el ala. Muchas veces en función de la decisión que tomaba Javi en defensa yo me atrevía a anticipar y robar y generar infinidad de superioridades juntos. Sin lugar a dudas es con la persona con la que más he disfrutado jugando.

 

P-. ¿Qué es lo que más te aportó AA Pilaristas FS?

R-. Amistad, disfrute, lealtad, competición, pasión… y así podría seguir hasta el infinito. He aprendido a solucionar conflictos, a preocuparme por mis compañeros y a dejarme querer también. Creo que pertenecer a este equipo me ha ayudado mucho a crecer como persona y la verdad es que no me imagino una vida sin Pilaristas.

 

P-. ¿Y cuál consideras que ha sido tu mayor aportación al equipo?

R-. No sé muy bien qué contestar. Siempre digo que este equipo es de todos y que gracias a todos es lo que es. La mayor aportación que uno puede hacer es mostrarse tal y como es. Por suerte o por desgracia me ha tocado estar en situaciones en las que se tenían que tomar decisiones y he intentado tener eso siempre presente. Seguro que algunas no han sido las correctas pero el grupo está por encima de todo y siempre sale adelante.

 

P-. Pachi comunica que no sigue con nosotros y das un paso adelante para dirigir a la plantilla y seguir con tu liderazgo desde el otro lado. ¿Qué tal se lleva entrenar a algunos de tus mejores amigos?

R-. La verdad es que no había muchas más opciones y lo asumí con naturalidad. Yo era todavía joven y probablemente podría haber jugado algún año más a buen nivel, pero es cierto que si jugar me gusta mucho, entrenar está al mismo nivel. El sistema que teníamos hacía imposible buscar entrenadores de fuera ya que no podíamos ofrecer dinero y era necesario alguien de dentro que supiera cómo funcionaba todo. Yo me había sacado el curso nivel II ese verano (imprescindible para poder entrenar en Segunda B) y me puse con ello. Me supe rodear muy bien y le pedí a Moro que lo llevara conmigo. Yo ponía el título pero nos repartíamos las tareas entre los dos. Pachi no se desvinculó del todo, echando siempre una mano cada vez que lo necesitábamos.

 

La gente lo asumió muy bien y nos pusieron las cosas muy fáciles. Intentamos no cambiar mucho el trabajo de Pachi y reforzar lo que ya hacíamos bien. Añadir alguna solución defensiva en la presión y mejorar la estrategia y el juego de cinco. Esa cercanía por haber estado con todos en cancha meses antes creo que nos ayudó en muchas decisiones que tuvimos que tomar y en algunas charlas con los jugadores. Sabíamos muy bien lo que sentían cuando jugaban poco o cuando no iban convocados y siempre intentamos hablar con ellos e ir de frente. Claramente Moro era el “poli bueno” y yo el malo. Como ejemplo gracioso os cuento que cada vez que iba a sacar a Penche de la cancha avisaba a Moro de lo que iba a hacer y que estuviera pendiente, que yo iba a mirar para otro lado para no ver la patada al banquillo o el gesto de enfado de mi amigo de toda la vida y que así no me condicionara porque sabía que más tarde le iba a necesitar. Moro hablaba con ellos, les tranquilizaba mucho. Creo que hacíamos un buen equipo y aprendimos muchísimo.

 

P-. En tu primer año como entrenador vives el debut del equipo en la I Copa del Rey de fútbol sala gracias a la clasificación de la temporada anterior.

R-. Gracias al trabajo de Pachi pudimos disfrutar esa temporada del mayor logro deportivo de la historia de este equipo.

 

Tuvimos la fortuna de pasar la primera ronda exentos en el sorteo y, contra todo pronóstico, ganamos en segunda ronda a un equipo de Segunda división, UMA Antequera. Todo esto con el pabellón del colegio lleno, remontando y con el gol de la victoria de Penche sobre la bocina. Fue increíble.

 

En tercera ronda nos tocaba jugar contra Caja Segovia de Primera división, subcampeón de liga la temporada anterior. Con jugadores como Cidao, Tobe, Borja, Sergio o Antoñito y con Jesús Velasco como entrenador. Recuerdo que pocos días antes jugaron contra el Barça en liga y salieron con el mismo cinco inicial que contra nosotros. Si contra UMA estaba lleno el pabellón, contra Caja tuvimos que sacar asientos de debajo de las piedras ya que vino hasta la prensa. Perdimos 0-3 con su último gol en los segundos finales tras haber tenido ocasiones para haberles marcado en más de una ocasión. Su portero hizo un partidazo y si ves el partido de nuevo y no conoces a los jugadores, te resultaría difícil saber que hay dos categorías de diferencia, con un equipo profesional y otro amateur. En la grada estaban muchos de los que habían formado parte del equipo desde sus inicios y creo que todos estamos muy orgullosos de lo que se consiguió. Porque al fin y al cabo es el trabajo de todos los años anteriores lo que se vio reflejado en la cancha y las gradas ese día.

 

P-. Al finalizar esa temporada se reorganizaba la Segunda división B y descendían siete equipos, logrando la salvación en la penúltima jornada…

R-. Efectivamente fue una temporada difícil y la mitad de los equipos descendían. En cada partido desde el principio de temporada se notaba esa presión añadida. El equipo mantenía la base pero salimos Moro, Gonzaga, Celso, Antonio y yo, que llevábamos mucho tiempo y teníamos mucho peso y minutos. En nuestro lugar entraron muchos jugador salidos del juvenil que fueron la base del equipo en temporadas posteriores pero con el gran salto que suponía el cambio de categoría. Al final el equipo estuvo a la altura y consiguió salvarse además de hacer un gran papel en la Copa del Rey. Creo que fue un esfuerzo colectivo muy importante.

 

P-. Tu segunda temporada es algo más "tranquila" pero al final de la misma decides que has cumplido un ciclo.

R-. Siempre he pensado que el sénior era un equipo de amigos en el que se trabajaba como en un equipo profesional en muchos aspectos. Desde la época de Pachi pasamos a entrenar tres días en varias fases de la temporada, la competición cada vez era más exigente con jugadores de máximo nivel rebotados de primera y segunda y si no te ponías a su altura a base de trabajo te quedabas atrás.

 

No sólo por mí, sino por el futuro del equipo, intenté buscar una solución para asegurarnos que el sénior seguiría muchos años, cuando gente de dentro con la titulación necesaria ya no estuviera disponible. La federación te exige un entrenador con titulación nivel II y un delegado en cada partido. Esto supone un esfuerzo y saber que si fallas un día habrá una multa para el equipo. Por aquella época Álvaro de Ory era el coordinador del club y, junto con Nacho Medina, hicimos una petición a la Dirección del colegio para que a los entrenadores de los equipos federados de antiguos alumnos se les pagara un sueldo acorde con la categoría en la que estaba cada sección. La verdad es que desde el principio lo entendieron y la respuesta por parte del colegio, con Enrique Quintana como director y José Luis Buitrón como administrador, fue buenísima y tenemos que estar muy agradecidos.

 

Ese año Antonio López Chica y yo hicimos el curso de entrenador nivel III juntos en Las Rozas. Chica jugó con nosotros tres temporadas pero en la última mía de entrenador él estuvo en el cuerpo técnico de Navalagamella y la verdad es que todo cuadró perfectamente. Hablé con él, le conté la idea que tenía y que el colegio haría un esfuerzo ya que él se gana la vida de esto entre otras cosas. Así que fue la solución perfecta y pasó a entrenar al equipo la temporada siguiente. Alguien “de la casa” pues a pesar de no ser antiguo alumno era entrenador en la base del Club Pilaristas, muy formado, con ideas nuevas y que conocía a la perfección el club y el equipo. El equipo en buenísimas manos y todos contentos.

 

P-. Y recibes la enésima llamada de Rubén Barrios para irte con él a jugar, esta vez a Brihuega, en Segunda división. ¿Qué tal se dio esa experiencia fuera de “tu ambiente”?

R-. Yo estaba pensando en dejar el fútbol sala y me llamó Rubén de nuevo. Aunque llevaba dos temporadas sin competir pensé que era el momento de quitarme la espinita de jugar en Segunda división y acepté sabiendo cuál iba a ser mi rol en el equipo: dar descanso a gente de inicio, crear buen ambiente y aportar experiencia. Además tuve la oportunidad de ir allí con mi gran amigo Julito y es una experiencia que no olvidaré en la vida.  Al final hubo varias lesiones de compañeros que me hicieron coger peso en el equipo durante la temporada y acabé siendo titular y jugando muchos minutos. Hicimos muy buena temporada y peleamos por el ascenso a Primera división con un playoff que perdimos en el último minuto en Tenerife en el último partido.

 

P-. Tras unos años retirado, el mono de fútbol sala te puede y decides volver a calzarte las botas y echar una mano en Pilaristas. ¿Qué podrías decirnos de esa temporada?

R-. Fue una temporada difícil, de muchos cambios. El equipo sufrió muchas lesiones y Viti me pidió que echara una mano. Empecé por ir a entrenar todo lo que pude, ver cómo estaba y tras unas semanas me hicieron ficha. La verdad es que mi aportación no fue mucha en la cancha, más de dar apoyo y experiencia. El equipo peleó hasta el final y creo que se aprendió muchísimo. Yo volví a vivir experiencias geniales. Viajes, competir, cenas de equipo... Una pena que se descendiera por diferencia de goles ya que la segunda vuelta que se hizo fue muy buena. Desde aquí tengo que dar las gracias por cómo me recibieron todos y en especial a Ignacio Rodríguez-Guerra y Manolo Olivares por la implicación que tuvieron ese año.

 

P-. ¿Serías capaz de destacar dos momentos en tu carrera deportiva en el sénior, uno de jugador y otro de entrenador?

R-. El de entrenador es fácil con las dos eliminatorias de Copa antes mencionadas.

 

De jugador hay muchos recuerdos, como el partidazo que hicimos en Zamora con el pabellón repleto, pero destacaría las dos finales de Copa de Madrid que ganamos a Navalafuente y Móstoles respectivamente. En la primera ganamos a Boadilla en semifinales, que tenía un equipazo y era el gran favorito. Y en la segunda remontamos en un partido loco a otro equipazo. Muchos jugadores de esos equipos están en plantillas de Primera división y en la Selección española a día de hoy.

 

P-. El verano pasado se decide crear un AA Pilaristas FS B. ¿Qué opinión tienes al respecto?

R-. Me parece una idea buenísima para dar continuidad a la enorme cantera que tenemos y seguir preparando a los jugadores para dar el salto al sénior A. Además sé que Manolo y Richi están haciendo un trabajo buenísimo y consiguen que el ambiente y motivación sea genial, que es la fórmula para que las cosas salgan bien. En definitiva, un gran acierto por parte de Luiser.

 

P-. Desde la distancia has seguido siempre muy vinculado al equipo y al Club Pilaristas. ¿Qué futuro les auguras?

R-. Creo que en los últimos años se lleva haciendo muy buen trabajo en las categorías inferiores del club y van creciendo jugadores cada vez más preparados. En la última década hemos visto equipos peleando en las fases finales de liga y viajando a Campeonatos de España. En las convocatorias de la Selección madrileña de las diferentes categorías cada vez hay más jugadores del colegio. Esto va a repercutir a medio plazo en los equipos sénior y creo que de aquí a cinco años se podría tener un equipo en Segunda B, otro en Tercera y el juvenil A en División de honor. Igual parece un objetivo muy optimista pero verdaderamente pienso que hay muchas opciones de conseguirlo. Y si no se consigue no pasa nada porque lo más importante es seguir cuidando a la cantera y siendo exigentes con ese trabajo como hasta ahora para formar mejores jugadores y personas y que ese buen ambiente siempre sea la seña de identidad.

 

P-. ¿Tienes algún consejo para los jugadores y entrenadores del club?

R-. A los entrenadores que se preparen, que tengan inquietud por aprender y que no hay equipo malo, de todos se aprende. Que se aprovechen de los que más tiempo llevan y que disfruten, que luego se echa mucho de menos. Una frase que siempre he dicho es que si de doce jugadores en mi plantilla once están contentos y uno triste, hay algo que estoy haciendo mal y tengo que ponerle solución.

A los jugadores que disfruten, que sean exigentes consigo mismos en los entrenamientos y que se fíen mucho de los entrenadores que tienen, que seguro que tienen mucho que aprender de ellos.

 

P-. No te ibas a librar de la siempre obligatoria última pregunta: ¿cuál sería tu quinteto histórico de AA Pilaristas FS?

R-. He de reconocer que la esperaba y he pensado en hacer tres quintetos para nombrar al máximo número de jugadores: uno de los que vi jugar, otro con los que jugué y otro a los que entrené, con la ventaja de poder mover alguna pieza de una lista a otra en algún caso. Al final daré el quinteto histórico.

 

Que vi jugar:

  • Chuspi: no he visto un portero con tantos reflejos en mi vida. Además del mejor saque, espectacular.
  • Trueba: jugador muy elegante, espectacular verle dominar el partido desde el puesto de cierre.
  • Manolo Olivares: cuando quiero enseñar a alguien a jugar de pívot fijo, protegiendo el balón, pienso en Manolo. Aun así era capaz de jugar en otras posiciones. El típico jugador tan bueno tácticamente que es como tener a un entrenador en la cancha.
  • Fucho: jugador al que no le quemaba la bola en ninguna situación, de los que siempre tenía que estar en cancha en momentos decisivos y con más gol que ninguno. Los mejores goles que he visto en el sénior se los he visto marcar a él. Picadas, dobles penaltis de panenka, voleas finalizando estrategia, mil variantes. Además de ser el capitán perfecto.
  • Javi Núñez: había épocas en las que nuestra salida de presión era tirarle el balón a Javi y que él se peleara e hiciera el resto. Imposible quitarle la bola. Tres primeros metros explosivos y un regate que marcaba diferencias, el “pony loco”.

Compañeros:

  • Javi Ruiz: de la escuela de Chuspi, mucho reflejo. Es el portero al que más he visto parar en un partido, contra Zamora. Le pedían autógrafos al salir del pabellón.
  • Borjita: de los que lleva el fútbol sala en las venas. Jugador de equipo, siempre tomaba buenas decisiones en cancha y podía jugar en cualquier posición.
  • Penche: probablemente el jugador con más clase que ha pasado por el equipo. Mucho gol, carácter, hacía fácil lo difícil.
  • Luiser: qué manera de defender. Cada año se hacía mejor jugador, añadiendo más registros a su juego. Polivalente y determinante en situaciones de inferioridad.
  • Moro: metía goles hasta lesionado en cuatro partes diferentes de su cuerpo. Antes de las lesiones era imparable. Recuperaba y llevaba las contras de forma espectacular. Mucha gente se ha beneficiado de sus pases al segundo palo.

Que entrené:

  • Charlie: espectacular en el saque y el juego con los pies, además de parar de lo lindo. Tácticamente perfecto.
  • Carlitos: le pelea a Penche el premio al jugador con más clase. Sus últimos años era de lo mejor de la categoría, hacía jugar al resto. Si no hubiera tenido que dejarlo por lesiones y motivos laborales, habría marcado una época.
  • Alfonso: jugador más precoz en destacar con el sénior a alto nivel. Siendo juvenil marcaba ya muchos goles y probablemente tenga la mejor pegada de la historia. Mentalidad ganadora.
  • Julito: no te das cuenta de lo bueno que es hasta que no estás con él en cancha o jugas en contra suyo. Siempre da soluciones a los compañeros y por momentos no sabías cuando darle descanso. Si le hubiera dado la gana podría haber jugado muchos años en primera división.
  • Juste: su uno para uno desatascó muchos partidos. Explosivo, solidario, capitán. Y, según dicen, unas charlas en los corros que marcaban época.

Si de todos estos tengo que sacar un quinteto, me quedo con Chuspi en la portería, Fucho y Moro en las alas, Julito de cierre y Javi Núñez de pívot.

 

P-. ¿Desearías añadir algo más?

R-. Dar las gracias a dos personas que he mencionado poco y que tienen mucha culpa del pasado y presente del club. Por un lado a Nacho Medina, que sigue siendo una pieza clave al que todos debemos tanto y que realmente sin él no estaríamos hablando de todo esto. Y por otro lado a Luis Hernando, trabajador incansable al que le costó mucho entrar en el equipo y que ha pasado por todas las facetas del club consiguiendo que cada día crezca y sea mejor. Cada vez que el equipo lo ha necesitado ha estado ahí para sacarlo adelante. Todos los que hemos convivido con el sabemos la infinidad de cosas que hace para que todo salga bien. Muchas gracias.

 

Esto es todo Pablo; muchas gracias por el tiempo dedicado a esta entrevista y esperamos seguir teniéndote cerca durante muchos años.

 

¡FORZA PILARISTAS!